domingo, 4 de octubre de 2009

Diario de bitácora:
Día 12 después de salir de Puerto Príncipe;

Es uno de los pocos días de calma desde que el navío zarpo...
Pero la tripulación tiene miedo, tan solo el segundo de a bordo y yo sabemos la verdad.
Les dijimos que habíamos chocado, que el casco del barco se había resquebrajado y que la bodega cada vez se inundaba más, que por eso tenían prohibido bajar allí, por que podía ser peligroso.
Y peligroso era, pero no por el agua, ni por que el casco estuviera resquebrajado.
Ahí abajo, culpa del maldito cargamento que se nos había encomendado transportar al continente, moraba el miedo...

No debimos aceptar el encargo, desde el primer momento intuimos que aquello no era bueno, pero en estos días la guita es la guita, y este trabajo estaba muy bien pagado, y ahora maldigo la hora en la que decidi aceptar.

El mal en persona mora ahi abajo, y lo peor no es eso lo peor es que se va extendiendo por todo el barco, capta a unos y otros, los hace luchar, matarse, los hace cometer atrocidades entre amigos.
El segundo y yo permanecemos encerrados en mi camarote y procuramos llevar el barco a puerto, pero no se por cuanto aguantaremos...

Siento como la muerte misma extiende su mano sobre todo el basto océano y susurra a la par que el vientro se frota contra el agua "Excalibur"...

Se me erizan los pelos de los brazos, mientyras me encomiendo a un Dios que nos ha enviado a una muerte segura.

Se que mis restos no llegaran a Tierra firme

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